jueves, 25 de diciembre de 2008

Es curioso cómo podemos llegar a echar de menos a ente que ni tan siquiera imaginábamos saludar unos días atrás. No sé si serán las hormonas o las endorfinas, pero de todos modos nunca me han interesado demasiado las explicaciones fisiológicas.

Creo que prefiero hablar de deseos no consumados. (De momento)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Lacónica y profundamente cansada. Pero creo que sólo físicamente.

viernes, 5 de diciembre de 2008

50 gramos de electrones en movimiento

Me comienzo a preguntar si, como me predije, utilizo este espacio para no tener que abocarme a realizar todas esas actividades para las que creo no tener fuerzas, o tener que pensar en esos temas que hacen que esas heridas que en su día no cicatrizamos se abran de nuevo.

No me gustaría que fuera así. No me gusta pensar que necesito un espacio cibernético, una página que, si se intentara pesar, probablemente no podría ser contabilizada ni por la balanza más precisa. Pero tampoco quiero páginas y tinta, expuestas al tiempo, a la metereología, a los ojos del vecino. No quiero un soporte sensoperceptible ajeno. No quiero un color, no quiero un sonido, no quiero un estado de cosas.

Y creo que en realidad no estoy criticando a este mundo en el que las acciones se realizan sin sujeto ninguno, en el que la intimidad se ha convertido en ostracismo. En el que a pesar de haber sido bautizada como "la de la información" estamos más desinformados que nunca y también, un poco más solos.

Me gustaría poder atreverme a sentaros y contaros lo que ha pasado últimamente por mi vida, que estoy bien ahora, pero que he estado mal, que hay cosas que todavía me afectan y que no me gusta estar sola, por mucho que intente aparentar lo contrario. Que me gustaría abrazar a quien miro con desdén y trato con simpatía. Me gustaría no tener que preparar una situación concreta, me gustaría que en una de aquellas ocasiones en que me habéis preguntado, hubiese tomado el suficiente aire para hilvanar unas palabras con otras y articular las frases, una tras otra.

Y a tí, me gustaría decirte que lo hiciste mal, que lo hice peor y que desde luego no hacemos bien en obliterar lo que hemos sido. Reconocer que no va a haber amistad ninguna, pero dejar cerrado definitivamente lo que quizá nunca debimos dejar empezar.

(O lo que nunca debimos terminar)


-50 gramos de electrones en movimiento componen Internet. Encontré la información en www.refugioantiaereo.com-

domingo, 30 de noviembre de 2008

Me apetece. (O por qué odio los domingos)

Me apetece que me llamen con un plan para esta tarde, o que me digas que tienes una entrada para el cine. Algunas tardes el mirar se convierte en costumbre, y la costumbre en obsesión. La lectura no concentra, los aparatos aburren, las conversaciones no emocionan. Hoy ni siquiera el periódico parece ser interesante. Me he vestido y para nada, me peiné y maldigo que mi pelo por fin haya quedado como debería. Aunque en la calle hace frío, me encantaría salir a dar un paseo. Pero permanezco inmóvil. Indolente.

Odio los domingos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Uf.

Menos mal que al final resulta que eres tan imbécil como pensaba.

(Me he quitado tus regalos. No sé si los voy a dejar guardados bajo llave o voy a tirarlos definitivamente. No creo que me traigan buenos recuerdos.)

sábado, 15 de noviembre de 2008

noviembre 2

Se supone que la mayoría de problemas personales se pueden resolver preguntando a un amigo, o apoyándose en alguna estereotípica experiencia que, por tonta que parezca, siempre puede ayudar. A menudo vemos nuestros problemas como únicos, irresolubles, y normalmente -tanto el que vea el vaso lleno como el que vea el vaso medio vacío- todos tendemos a lo dramático, con incluso un punto de sadismo.

Por muy mal que pensemos que podamos estar, siempre tenemos un horizonte de sentido, o en cualquier caso, la esperanza de ser comprendidos.


Pero...¿Qué haces cuando no entiendes nada?

lunes, 3 de noviembre de 2008

They don't believe- Russian Red

"Walk by the mand who sings a song to the streetlights
and turns out everybody claps,
they dont believe in cabs, they dont believe in cabs, they dont believe in cabs..."

...Russian Red me pone de muy buen humor. Me hace sentirme cómoda en la burbuja en la que sé vivo constatentemente, y de la que de vez en cuando salgo a ver el mundo, que cada día me parece un poco más feo, un poco más gris...un poco más real.

Pero siempre me queda esta canción, y la gente que hace la burbuja un poco más resistente.

http://www.youtube.com/watch?v=iauMgibgtzE&feature=related

viernes, 24 de octubre de 2008

. . . .

Lo había estado observando durante más de treinta minutos. Tampoco tenía nada mejor que hacer, y concentrarse en algo le ayudaba a no pensar. Controlaba minuciosamente cada movimiento, predecía el siguiente. A veces se sorprendía de los movimientos, lentos, sinuosos, como los de un pañuelo azotado por una leve brisa. Como los que había visto ejecutar, hace ya tiempo, en la anatomía de una mujer.

El silencio que en otro momento le hubiese molestado, en esta ocasión le ayudaba a concentrarse. Miró a su alrededor, evadiéndose momentáneamente, para volver inmediatamente a su observación. Y predijo, como esperaba, el siguiente movimiento. El ritual continuó, solemne, durante un tiempo que no hubiese sido capaz de determinar. Estaba absorto en una actividad fatua, pero la única que ese momento era capaz de mantenerlo abstraído de la realidad que más allá de esa observación, mantenía su vida sumergida en un azar indeterminado.

La concentración mantenía sus músculos rígidos y la mirada inmóvil. Ni siquiera era capaz de advertir el olor a rancio que expedía la habitación contigua y que paulatinamente ocupó toda la casa.

Por fin, la gota de agua resbaló, ondulante, del extremo horadado del grifo. Permaneció inmóvil un instante y cayó a la pila, junto a las restantes gotas que ya habían formado un charco del tamaño una moneda. El sonido que produjo el líquido arañó los oídos de quien escuchaba. Y se dispuso a predecir el siguiente movimiento.

miércoles, 22 de octubre de 2008

?

Decimos que no tenemos tiempo para todo aquello que nos gustaría hacer, que la rutina diaria nos aprisiona, nos encadena, nos atrapa. No sé muy bien quien se encuentra más perdido: el que, agobiado por las tareas cotidianas, se lanza a la indolencia una vez sentado en el sillón, o por el contrario, el que ve la vida pasar, lentamente, dejando que el tiempo se escurra sin que las expectativas puedan inducirlo a mover la siguiente ficha en el tablero.


No se trata ni del bocadillo o la fiambrera, ni tampoco del plato de comida precongelada delante del televisor. Tampoco es la ropa mal planchada, ni el pijama raído. Es probablemente cierto que los extremos sean el origen de la realidad ontológica, lo que no significa que hayan de ser ejemplos prácticos. Se trata de que el que tiene el bocadillo en la mano, exija el tiempo para animar al que engulle comida precongelada a preparar una comida en la que subyazca una conversación cualquiera, de sentarse con el televisor apagado, de que me mires cuando te hablo.

Todo esto sería mucho más fácil si el día no hubiese sido lluvioso.

martes, 14 de octubre de 2008

Octubre #1

Esto de leer vidas ajenas a lo largo y ancho de la blogos-bollosfera engancha. Se ha convertido, sin desearlo, en una de mis costumbres al encender el ordenador.

Mientras tanto, parece que mi vida ha vuelto a su sitio, las cosas, la gente, los amigos, están donde tienen que estar. Ya no tengo que pensar en llamar, ya no tengo que preocuparme por una reacción implícita, una mirada de soslayo. Simplemente, no tengo que estar alerta a cada movimiento, a cada gesto. Y eso que pensaba que la manera en que revolucionabas mi vida me alegraba, me enriquecía. Es cierto, siempre tenía alguien a quien llamar, siempre podía hablar con alguien. Pero, cada vez que me paro a pensar detenidamente, veo que no tenía la necesidad de tener a nadie, ya lo tenía: en toda la gente a quien dejaba de llamar porque tú, y solamente tú, sí que necesitabas a alguien a quien tener siempre, siempre a tu lado. No sé, tengo que reconocer que parece que lo lleves bien, y no quiero dudar, y creo no dudar de que realmente así sea, al menos, es probable que tú lo pienses así. Pero...no voy a volver a hacer tus problemas, tus necesidades, las mías.
De verdad, que te vaya bonito.

jueves, 9 de octubre de 2008

09 de Octubre

Acabo de colgar el teléfono y sé que en el día de hoy, ya es la segunda vez que he mostrado de manera clara que la he cagado, jodido, fastidiado, echado a perder, otra amistad. No es decir nada profundo -ni mucho menos nuevo- que es díficil cuidar las amistades. Pero es más díficil mantenerla cuando se sabe que los roles han cambiado. Cuando ya no es automático coger el teléfono y marcar unos números determinados, una o dos veces a la semana. Ser el que espera, hace o recibe la llamada.
Pero de cualquier manera, si se ha roto el automatismo, si es parte de los recados diarios el hacer tal o cual llamada, es evidente que la amistad que se intenta proteger está, hace tiempo, herida de muerte. ¿Cuál fue el momento en que dejé de llamar? ¿Cuando tuve que empezar a pensar? ¿Cuando empezaron a ser incómodos los silencios?
Da igual.


Eso es lo peor de todo, que al final, me da igual.

domingo, 5 de octubre de 2008

Octubre

Bienvenido Octubre, bienvenidas las clases. Esta semana me he mantenido ocupada gracias a la facultad, y aunque me he acordado de tí, creo que cada día te echo un poco menos de menos -y valga la redundancia-

Supongo que ya tendré uno de esos pequeños bajones. Al menos me alegra mucho leer que NoSoloBollo va teniendo, cada día más, la felicidad que merece. Lo de haberse hecho asidua mirona-lectora de vidas ajenas tiene sus ventajas.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Nocturnidad y alevosía

Hoy tenía ganas de verte. No esperaba mucho, quizás alguna mirada de reojo, algún comentario que me hiciese ver que todavía, a pesar de los tiempos que corren, te preocupas por mí. O disimulas muy bien o es que simplemente eres así de indolente.

No sé si llamarte aburrida, cruel, o simplemente abogarme al hecho de que ese algo que creí ver en ti, simplemente no estaba. En fin, que todo aquello que pensaba antes, todo aquello que pensaba que era una fachada que en realidad escondía una sensibilidad rota, no era tal. Que sencillamente eres así. Siempre te gustó mucho la retórica derrotista, las actitudes catrastrofistas. Pero en tu caso, la retórica es simplemente persuasión. No hay nada que buscar, no hay conejo en la chistera, no hay misterio alguno. Sólo juego de manos y un estúpido e inmaduro enfado con el mundo.

Nunca me dejaste ir más allá, creía. Pero es que no hay nada más que ver. Yo pensaba que había salido ganando, que había sido yo la que no sufriría, la que se despreocuparía más rápido. Pero el tiempo pasa y tú, del amor doliente has pasado a la indiferencia, y yo siempre he mantenido el respeto.

Como dije, tenía ganas de verte.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Coquette

La música es una de esas cosas que todo el mundo siente a pesar de su abstracción. Todos tenemos una canción, una "banda sonora de la vida" en que distintas notas encajan a la perfección con los sentimientos que a veces se nos tornan inefables.

Hoy me has descubierto que a pesar de que a veces me parezca que ya sólo tengo música de usar y tirar, música de metro en un mp3, todavía soy capaz de sentir. De "llevarlo".

Gracias por una buena noche de Nazca, y por una gran velada de blues. ¡Viva la Coquette!

jueves, 18 de septiembre de 2008

Septiembre #2

Esperar a que se apague la luz y encender un cigarrillo.

Fumarlo deprisa, y coger otro. Dame la escoba, hay que barrer el suelo.
Los cristales se empañan paulatinamente. Dame la escoba. La televisión está llena de polvo, hay que sacar el lavavajillas, poner la lavadora. Dame la escoba. El correo se amontona alrededor de la puerta y la leche hace meses que caducó. Dame la escoba. El tiempo pesa, se arrastra el dolor. Dame la escoba. El cuerpo entumecido, los ojos enrojecidos, las manos doloridas, la respiración entrecortada. Dame la escoba. Los pensamientos desordenados, los humores negros. Dame la escoba.

La ceniza golpea el suelo y el humo forma figuras trémulas que observo mientras me levanto, sin quererlo, a coger la escoba.

martes, 16 de septiembre de 2008

Experimento #1

Y mientras tanto, Descartes cerrado.

Yo contratado por un músico en paro
yo convencido de que tengo razón
Últimamente me siento inteligente
Últimamente no tengo corazón
como una escena del viaje de chihiro
con él sin cara dentro de un vagón
guarda tu nombre ahora ¡¡no dejes que te quiten nada!!

Yo recorriendo mis sitios con la escoba
yo reprimiendo las ganas de llorar
si inteligente consiste en dependiente
si deprimente significa normal
yo regalaba mis fines de semana
yo me gastaba todo en sonreír
y aunque miraba mucho
nunca llegué a entender las cosas

Yo resbalando por un acantilado
yo vomitando en la puerta de un hotel
yo abandonando la crema en un abrazo
yo respirando el dí­a cada vez
que me tropiezo con algo inesperado
que me mareo sin saber qué hacer
Tú lo dijiste un día: te quiero, pero no sé bien por qué

Yo respirando... yo respirando...yo respirando... yo respirando...yo respirando.

(Iván Ferreiro, El Viaje de Chihiro)


Te conocí cuando la inocencia aún me impedía adivinar lo que se escondía tras tu mirada. Quise abrazarte. Intentabas pasar desarpecibida, y asentías con los ojos fijos en el horizonte, sabiendo que no podías ocultar el aire de melancolía que afectaba a tus gestos. A partir de ese primer momento, supe que tu protección sería lo único que ocuparía mis horas y la ciudad.

Te dejabas hacer cual prostituta. Procuré emocionarte con largos monólogos de lo que me gustaba, de lo que me emocionaba, de lo que me hacía suspirar y de lo que mantenía, en fin, mis pies avanzando uno detrás del otro. El calor dejó lugar al otoño, y con ello, a mis esperanzas. Tu mirada, sin embargo, seguía inmóvil, mirando sin ver. Inventé nuevos gustos, nuevas emociones y nuevos suspiros, pero aún tus ojos siguieron inalterables. Me parecía demasiado pronto para añorar nada perdido, así que decidí seguir acompañándote, ahora en silencio.

Atocha. Antón Martín. Tirso de Molina. Sol. Gran Vía. Tribunal. Lunes. Viernes.
Cuatro Caminos. Canal. Quevedo. San Bernardo. Noviciado. Martes. Jueves.
República Argentina. Avenida de América. Diego de León. Manuel Becerra. Miércoles. Sábado.
La Latina. Chueca. Domingo.

Acabé sintiéndome solo a pesar de tu compañía, y el quinto Lunes del quinto mes vi en la estación de Atocha una carátula de un CD tirado en el suelo. Lo cogí y te busqué.

Me quedó El viaje de Chihiro.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Lo real cotidiano

Es evidente que no es una idea clara y distinta el hecho que me lleva a seguir escribiendo en el blog. De hecho, por no ser, no es ni siquiera una idea, sino que es más bien un impulso. De cualquier manera, no sé por qué me empeño en puntualizar o en acotar el significado de las cosas que digo: yo creo que nadie me lee.

Hace un par de entradas, antes de los revuelos meteorológicos propios de finales de Septiembre -que a todos sorprendieron en la noche de ayer por Madrid- tenía un lector. Mi intruso. No sé si serán los compromisos laborales, la dejadez, o una mala conexión a Internet lo que le ha alejado de la lectura de este humilde espacio.
Quizás sea porque ya no hablo de abortos emocionales, de heridas supurantes o de colillas amontonadas en un cenicero que reina sobre una montaña de ropa sucia. De la sensación de vacío después de una ruptura, de las ganas de frivolidad que arranca la vuelta a la ciudad. La melancolía que causa una conversación demasiado cordial entre dos personas que han compartido sábanas, confidencias y sudores.

Y podría enfadarme. Podría pensar, como ya he pensado, que es sólo y tan sólo en la cotidianeidad, en la rutina apacible, donde se gestan las mejores historias que contar. Donde acontecen día tras día y a nuestro alrededor, las mayores traiciones, las miradas de soslayo, el segundo lenguaje. Donde se suceden aquellas cosas que luego nos harán estremecernos sin creer saber por qué.

Un amigo, me leyó hace poco un fragmento del diario del filosófo Kirkegaard. Desde luego, no puedo recitarlo de memoria, pero pensaba que sería recordado como un héroe, como un dios, cuando la gente por fin leyese su libro. No tengo muy claro si creía realmente todo lo que escribía. Pero tengo una cosa muy clara, si lo escribió con tan explícitamente, con tanto orgullo y con tantísima arrogancia fue porque sabía que podía escribir en ese cuaderno exactamente lo que le diese la gana.

Voy a aprovechar el anonimato.

martes, 9 de septiembre de 2008

¡Locuela!

Parece que después de haberme castigado ligeramente durante el final de agosto, hemos y has comprendido que lo que teníamos, simplemente, no podía durar. Había demasiado por lo que pensar, demasiado por lo que agobiarse, sencillamente, nos quedaba grande. Quizás sea por eso, por lo que gracias a tí, a nosotras, pudimos las dos crecer tanto. No sé si ya vamos a vivir en la misma casa, no sé si vamos a ir a ver el mundo. No creo que vuelva a besarte. Pero esté con quien esté, siempre habrá un pedacito de tí en mí.

Aunque en la amistad no encajemos.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Septiembre

Parece que a veces hay tardes en las que todo sale al revés, de una manera, o de otra. A veces, una sonrisa ilumina el día. Otras, las circunstancias hacen que de pronto y sin previo aviso, se nos canse el corazón.

Hay tardes en las que hubiese sido mejor no haber empezado la conversación, que nos dejó con más preguntas que respuestas, que nos descubrió egoístas, que nos descubrió tontos, torpes, enfadados. Incómodos. En las que ciertos silencios habrían sido agradecidos.

En ese momento hubiera deseado que dijeses que era todo una tontería, que hubieses hecho cualquier broma tonta y que todos hubiéramos empezado a reír.

Simplemente, quizá tengas razón: la represión es la clave de la sociedad.

martes, 26 de agosto de 2008

Miguel

Muy a mi pesar, creo que no hay mejor cigarro que aquel que no se fuma. De todas maneras, un muy cercano segundo puesto sea probablemente ese cigarrillo que se fuma tranquilamente, después de haber comido. Si es posible, estando rodeada de amigos que hace algún tiempo que no se veía.

Así me encontraba yo hoy alrededor de las cuatro de la tarde. Miguel estaba sentado a mi lado. Miguel es una persona que tiene un humor demasiado ácido y alienante, a lo que se suma que a veces gasta de un carácter un poco infantil que en mi opinión esconde cierta perversión, ciertos complejos e inseguridades, un poco de condescendencia, y en una expresión, un morro que se lo pisa. A pesar de eso, lo quiero mucho, y es sin duda uno de mis mejores amigos: creo que en realidad es un tontorrón cualquiera que quiere ir vestido de lobo.
Miguel tuvo que estar soportando durante una media hora, bromas cada vez más pesadas sobre su última relación. Un chico con el que había estado tonteando hace algún tiempo, pasó en casa de mi amigo una semana, conviviendo. Sin duda, la relación se había hecho más estrecha que nunca. En cuanto Miguel se tuvo que ir a trabajar, el otro buscó inmediatamente alguien con quien tener sexo vía chat.

Es cierto que las relaciones de mi amigo han sido muy cortas, y que, de hecho, no lleva mucho tiempo fuera del armario. Es cierto, él también ha buscado en ocasiones un amor de sábanas y cigarro. También ha hecho bromas que no debería haber hecho, ha dicho muchas cosas que sabía perfectamente de antemano que no debía decir y ha hecho muchas cosas de las que muchos se avergozarían, y que a él difícilmente le pesan.

Me paré a pensar en quién hacía las bromas, y sonreí. Preferiría que me humillasen, aunque inmerecidamente, a llevar la procesión por dentro.

lunes, 25 de agosto de 2008

Aborto

Esta tarde, pensaba en el aborto mientras iba de camino a casa, sentada en el tren. Todo comenzó cuando me puse a pensar en las unidades mínimas de vida, las células, -no tengo muy claro cómo comencé a pensar en eso- aunque dado mi escasísimo conocimiento en ciencias y todo lo que tenga que ver con ellas, no ahondé más en la cuestión, y además, tampoco quería aburrirme a mí misma: Madrid, a pesar de ser una ciudad que no se puede dejar de sufrir, es un amor que mata, tanto en el deseo en plena realización, como en la añoranza de los olores a café, cerveza, polvo y sudor. Aun así, como ya he dicho, es un amante insufrible, al que no hace falta empeorar con pensamientos envenenados.

Fue entonces cuando comencé a pensar en los abortos sentimentales. No es que los dé por hecho, sino que simplemente me pregunto por su existencia: ¿Puedo abortar de una decepción, antiséptica y quirúrgicamente? En el caso de que fuera posible, ¿sería también ilegal? ¿Habría alguna fecha límite? "Lo siento señorita: no puede abortar de su sentimiento de culpa: lleva en estado de gestación más de tres meses y podríamos poner en peligro su vida." En estos casos, cabría preguntarse si realmente quién nos atiende está entendiendo el propósito de nuestra visita: es claro que ya hemos pensado sobre la posibilidad de que nuestra vida esté en riesgo, si no, simplemente no estaríamos en la consulta.

Pero en cualquier caso, si lo pensamos un poco más a fondo, el símil se acerca más a lo cancerígeno: ciertos sentimientos, más que desarrollarse y convertirse en un ser que crece en nuestro interior -si bien de manera no deseada-, metastatizan. Un crecimiento de células incontrolado y dañino.

En algunas ocasiones, un cáncer se puede curar con cirugía, de manera rápida y limpia. En otros casos, hace falta un tratamiento de quimioterapia, largo, doloroso y muy duro.

Pero hay casos en los que simplemente, no podemos luchar.

domingo, 24 de agosto de 2008

¡Una clara, por favor!

Ufff, ufff, ufff, uf.
Hoy no me apetece nada echarme las culpas de nada, ni ponerme melancólica, añorando tiempos pasados (cada vez que digo una expresión de ese tipo lo único en lo que puedo pensar es en esa canción..."Mirando al maaaaaar, soñé....") En fin. Mejor no continuar con la tontería.

Pero el asunto es que me tienen harta, entre las víctimas, las que quieren ser escuchadas, y las supuestas beatas. ¿Quieres que te quiera? Quiérete tú primero. No estoy para arreglar la autoestima de nadie, no estoy para regalar flores a nadie. Estoy dispuesta a estar junto a tí si tú de verdad quieres estar con alguien. Hoy, ya he avisado, no me echo las culpas de nada, ya no me quiero sentir ni culpable, ni manazas, ni torpe. No soy perfecta, pero no soy tan desastre como me quieres hacer ver. ¿Qué hago si no te has dejado querer? Me cansé de amar en vacío, me he cansado de llenar tus huecos...

Sólo quiero olvidarme de la maldita retórica catrastofista que ahora me ataca cuando pienso en tí, tomarme una cañita con la gente que no me pide más que mi compañía y atención y...disfrutar.

sábado, 23 de agosto de 2008

Excusas

Estoy empezando a pensar que puede que esta vez sí que escriba más o menos asiduamente en el blog. Lo voy a convertir en mi excusa para no hacer esas cosas que no me apetecen en un momento dado. Va a convertirse en mi excusa para no pensar. Aunque a veces me harto de ellas, de tener excusas para cada ocasión. Como por ejemplo, cuando me intento convencer de que soy callada pero para evitar hurgar en mí misma y descubrir que quizás lo que probablemente sea es o más aburrida de lo que yo pensaba, o que, para mi consuelo, sea simplemente una mala oyente.
Excusas como esas llevan conmigo toda la vida, y me causan una sonrisa de medio lado cuando pienso en ellas, mientras la certeza de que tengo mucha más suerte de lo que pienso con la gente que tengo a mi alrededor se torna de repente indubitable. Pero hay también excusas que han aparecido recientemente en mi vida, si bien probablemente habían necesitado que me engañase con otras excusas para que no floreciesen los sentimientos que han dado lugar a las nuevas excusas. Este nuevo tipo de excusas me alienan rápidamente, me enfadan, me engañan. Me sonrojan, y me avergüenzan. Y si intento rebuscar en las perspectivas futuras, todo apunta a que me tendré que acostumbrar a ellas.
Pero sé que hay excusas que he puesto en tí para engañarme a mí. Son las que más nos duelen, y si soy cobarde para enfrentarme a mí, creo no poder tener todavía fuerzas para enfrentarte a mí.

De cualquier manera, hay ciertas mentiras que podría haber dejado dormidas, podría haber silenciado mis palabras, dejar que la simple cotidianeidad arrastrara lentamente el peso de mis antiguas verdades, el ruido de las palabras que te dije ayer.

Y para eso no hay excusas.

viernes, 22 de agosto de 2008

De estreno

No tengo ni la más remota idea de por qué hoy, precisamente hoy, he querido empezar a escribir un blog. Al fin y al cabo, no es la primera vez que lo intento y las anteriores tentativas han sido siempre, sin remedio, un fracaso absoluto. Es más que probable que olvide que tengo este blog, que no escriba, que no me meta nunca...pero en cualquier caso, sé que siempre que no tenga ningún sitio en que soltar mi mierda, ya no tendré ninguna excusa para llevar la procesión por dentro.

En cualquier caso, supongo que el hecho de dejarme los ojos leyendo vidas ajenas ha alimentado las ganas de hacer de la mía algo expuesto a los demás y al mismo tiempo, todavía íntimo. Yo me entiendo.

A ver si me sorprendo visitando el blog más de lo que creo que lo haré.