Me cuesta hablar y me gusta escuchar. No es por un respeto mojigato, no es porque hayan ciertos miedos subyacentes que me impidan dar mi opinión con seguridad -aunque bien es cierto, ciertos recatos (por decirlo con un eufemismo) se maman desde la cuna-. Puede que lo fuera hasta hace bien poco, pero ya ni me preocupa ni me ocupa lo que otro cualquiera tiene que decir al respecto de lo que hago.
En cualquier caso, sé que esta característica, y digo así, porque no es puede ser considerada ni una virtud ni un defecto, no es buena combinación si se atiende a mi bienestar mental. Ya no estoy tan segura. Si hay algo que tenga la necesidad de decir, lo diré. No voy a molestar a nadie, y no, no porque respete y valore el tiempo de los que me rodean, que también, y mucho más profundamente de lo que podría parecer, sino por una razón anterior, que aunque fundada primigeniamente en el egoísmo, está imbricada enteramente en la dimensión de la alteridad. El otro día no sé quien exactamente decía que prefería en mucho mayor porcentaje su música a las conversaciones. Aunque tambalee los presupuestos de la cordialidad, y los límites entre la sinceridad y la violencia verbal, creo profundamente en esta afirmación. Y todos hemos preferido en algún momento o en otro mirar a las musarañas en un momento dado.
Se puede decir que respeto el derecho al aburrimiento. Supongo que en realidad lo único que me pasa es que todavía no estoy acostumbrada a que me traten de cierta manera, o mejor dicho, todavía no me he desacostumbrado a cierto tipo de tratamientos.
"Algunos me contaron que la solidaridad corría el albur de despertar un recuerdo melancólico en ciertos hombres, y que hacía tiempo que ya nadie suspiraba con pesadumbre al escuchar, fortuitamente, ciertas palabras. Aquellas a las que los griegos dedicaron mitos, y después tragedias. Algunos sostienen que son esas mismas palabras las que les inspiraron para filosofar. Tomé mi chaqueta de la silla, con cuidado, hice una mueca y me marché. Hay demasiadas cosas en las que pensar para regodearse en el lamento."