viernes, 26 de septiembre de 2008

Nocturnidad y alevosía

Hoy tenía ganas de verte. No esperaba mucho, quizás alguna mirada de reojo, algún comentario que me hiciese ver que todavía, a pesar de los tiempos que corren, te preocupas por mí. O disimulas muy bien o es que simplemente eres así de indolente.

No sé si llamarte aburrida, cruel, o simplemente abogarme al hecho de que ese algo que creí ver en ti, simplemente no estaba. En fin, que todo aquello que pensaba antes, todo aquello que pensaba que era una fachada que en realidad escondía una sensibilidad rota, no era tal. Que sencillamente eres así. Siempre te gustó mucho la retórica derrotista, las actitudes catrastrofistas. Pero en tu caso, la retórica es simplemente persuasión. No hay nada que buscar, no hay conejo en la chistera, no hay misterio alguno. Sólo juego de manos y un estúpido e inmaduro enfado con el mundo.

Nunca me dejaste ir más allá, creía. Pero es que no hay nada más que ver. Yo pensaba que había salido ganando, que había sido yo la que no sufriría, la que se despreocuparía más rápido. Pero el tiempo pasa y tú, del amor doliente has pasado a la indiferencia, y yo siempre he mantenido el respeto.

Como dije, tenía ganas de verte.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Coquette

La música es una de esas cosas que todo el mundo siente a pesar de su abstracción. Todos tenemos una canción, una "banda sonora de la vida" en que distintas notas encajan a la perfección con los sentimientos que a veces se nos tornan inefables.

Hoy me has descubierto que a pesar de que a veces me parezca que ya sólo tengo música de usar y tirar, música de metro en un mp3, todavía soy capaz de sentir. De "llevarlo".

Gracias por una buena noche de Nazca, y por una gran velada de blues. ¡Viva la Coquette!

jueves, 18 de septiembre de 2008

Septiembre #2

Esperar a que se apague la luz y encender un cigarrillo.

Fumarlo deprisa, y coger otro. Dame la escoba, hay que barrer el suelo.
Los cristales se empañan paulatinamente. Dame la escoba. La televisión está llena de polvo, hay que sacar el lavavajillas, poner la lavadora. Dame la escoba. El correo se amontona alrededor de la puerta y la leche hace meses que caducó. Dame la escoba. El tiempo pesa, se arrastra el dolor. Dame la escoba. El cuerpo entumecido, los ojos enrojecidos, las manos doloridas, la respiración entrecortada. Dame la escoba. Los pensamientos desordenados, los humores negros. Dame la escoba.

La ceniza golpea el suelo y el humo forma figuras trémulas que observo mientras me levanto, sin quererlo, a coger la escoba.

martes, 16 de septiembre de 2008

Experimento #1

Y mientras tanto, Descartes cerrado.

Yo contratado por un músico en paro
yo convencido de que tengo razón
Últimamente me siento inteligente
Últimamente no tengo corazón
como una escena del viaje de chihiro
con él sin cara dentro de un vagón
guarda tu nombre ahora ¡¡no dejes que te quiten nada!!

Yo recorriendo mis sitios con la escoba
yo reprimiendo las ganas de llorar
si inteligente consiste en dependiente
si deprimente significa normal
yo regalaba mis fines de semana
yo me gastaba todo en sonreír
y aunque miraba mucho
nunca llegué a entender las cosas

Yo resbalando por un acantilado
yo vomitando en la puerta de un hotel
yo abandonando la crema en un abrazo
yo respirando el dí­a cada vez
que me tropiezo con algo inesperado
que me mareo sin saber qué hacer
Tú lo dijiste un día: te quiero, pero no sé bien por qué

Yo respirando... yo respirando...yo respirando... yo respirando...yo respirando.

(Iván Ferreiro, El Viaje de Chihiro)


Te conocí cuando la inocencia aún me impedía adivinar lo que se escondía tras tu mirada. Quise abrazarte. Intentabas pasar desarpecibida, y asentías con los ojos fijos en el horizonte, sabiendo que no podías ocultar el aire de melancolía que afectaba a tus gestos. A partir de ese primer momento, supe que tu protección sería lo único que ocuparía mis horas y la ciudad.

Te dejabas hacer cual prostituta. Procuré emocionarte con largos monólogos de lo que me gustaba, de lo que me emocionaba, de lo que me hacía suspirar y de lo que mantenía, en fin, mis pies avanzando uno detrás del otro. El calor dejó lugar al otoño, y con ello, a mis esperanzas. Tu mirada, sin embargo, seguía inmóvil, mirando sin ver. Inventé nuevos gustos, nuevas emociones y nuevos suspiros, pero aún tus ojos siguieron inalterables. Me parecía demasiado pronto para añorar nada perdido, así que decidí seguir acompañándote, ahora en silencio.

Atocha. Antón Martín. Tirso de Molina. Sol. Gran Vía. Tribunal. Lunes. Viernes.
Cuatro Caminos. Canal. Quevedo. San Bernardo. Noviciado. Martes. Jueves.
República Argentina. Avenida de América. Diego de León. Manuel Becerra. Miércoles. Sábado.
La Latina. Chueca. Domingo.

Acabé sintiéndome solo a pesar de tu compañía, y el quinto Lunes del quinto mes vi en la estación de Atocha una carátula de un CD tirado en el suelo. Lo cogí y te busqué.

Me quedó El viaje de Chihiro.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Lo real cotidiano

Es evidente que no es una idea clara y distinta el hecho que me lleva a seguir escribiendo en el blog. De hecho, por no ser, no es ni siquiera una idea, sino que es más bien un impulso. De cualquier manera, no sé por qué me empeño en puntualizar o en acotar el significado de las cosas que digo: yo creo que nadie me lee.

Hace un par de entradas, antes de los revuelos meteorológicos propios de finales de Septiembre -que a todos sorprendieron en la noche de ayer por Madrid- tenía un lector. Mi intruso. No sé si serán los compromisos laborales, la dejadez, o una mala conexión a Internet lo que le ha alejado de la lectura de este humilde espacio.
Quizás sea porque ya no hablo de abortos emocionales, de heridas supurantes o de colillas amontonadas en un cenicero que reina sobre una montaña de ropa sucia. De la sensación de vacío después de una ruptura, de las ganas de frivolidad que arranca la vuelta a la ciudad. La melancolía que causa una conversación demasiado cordial entre dos personas que han compartido sábanas, confidencias y sudores.

Y podría enfadarme. Podría pensar, como ya he pensado, que es sólo y tan sólo en la cotidianeidad, en la rutina apacible, donde se gestan las mejores historias que contar. Donde acontecen día tras día y a nuestro alrededor, las mayores traiciones, las miradas de soslayo, el segundo lenguaje. Donde se suceden aquellas cosas que luego nos harán estremecernos sin creer saber por qué.

Un amigo, me leyó hace poco un fragmento del diario del filosófo Kirkegaard. Desde luego, no puedo recitarlo de memoria, pero pensaba que sería recordado como un héroe, como un dios, cuando la gente por fin leyese su libro. No tengo muy claro si creía realmente todo lo que escribía. Pero tengo una cosa muy clara, si lo escribió con tan explícitamente, con tanto orgullo y con tantísima arrogancia fue porque sabía que podía escribir en ese cuaderno exactamente lo que le diese la gana.

Voy a aprovechar el anonimato.

martes, 9 de septiembre de 2008

¡Locuela!

Parece que después de haberme castigado ligeramente durante el final de agosto, hemos y has comprendido que lo que teníamos, simplemente, no podía durar. Había demasiado por lo que pensar, demasiado por lo que agobiarse, sencillamente, nos quedaba grande. Quizás sea por eso, por lo que gracias a tí, a nosotras, pudimos las dos crecer tanto. No sé si ya vamos a vivir en la misma casa, no sé si vamos a ir a ver el mundo. No creo que vuelva a besarte. Pero esté con quien esté, siempre habrá un pedacito de tí en mí.

Aunque en la amistad no encajemos.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Septiembre

Parece que a veces hay tardes en las que todo sale al revés, de una manera, o de otra. A veces, una sonrisa ilumina el día. Otras, las circunstancias hacen que de pronto y sin previo aviso, se nos canse el corazón.

Hay tardes en las que hubiese sido mejor no haber empezado la conversación, que nos dejó con más preguntas que respuestas, que nos descubrió egoístas, que nos descubrió tontos, torpes, enfadados. Incómodos. En las que ciertos silencios habrían sido agradecidos.

En ese momento hubiera deseado que dijeses que era todo una tontería, que hubieses hecho cualquier broma tonta y que todos hubiéramos empezado a reír.

Simplemente, quizá tengas razón: la represión es la clave de la sociedad.