Me apetece que me llamen con un plan para esta tarde, o que me digas que tienes una entrada para el cine. Algunas tardes el mirar se convierte en costumbre, y la costumbre en obsesión. La lectura no concentra, los aparatos aburren, las conversaciones no emocionan. Hoy ni siquiera el periódico parece ser interesante. Me he vestido y para nada, me peiné y maldigo que mi pelo por fin haya quedado como debería. Aunque en la calle hace frío, me encantaría salir a dar un paseo. Pero permanezco inmóvil. Indolente.
Odio los domingos.
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Hace 4 años
