viernes, 24 de octubre de 2008

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Lo había estado observando durante más de treinta minutos. Tampoco tenía nada mejor que hacer, y concentrarse en algo le ayudaba a no pensar. Controlaba minuciosamente cada movimiento, predecía el siguiente. A veces se sorprendía de los movimientos, lentos, sinuosos, como los de un pañuelo azotado por una leve brisa. Como los que había visto ejecutar, hace ya tiempo, en la anatomía de una mujer.

El silencio que en otro momento le hubiese molestado, en esta ocasión le ayudaba a concentrarse. Miró a su alrededor, evadiéndose momentáneamente, para volver inmediatamente a su observación. Y predijo, como esperaba, el siguiente movimiento. El ritual continuó, solemne, durante un tiempo que no hubiese sido capaz de determinar. Estaba absorto en una actividad fatua, pero la única que ese momento era capaz de mantenerlo abstraído de la realidad que más allá de esa observación, mantenía su vida sumergida en un azar indeterminado.

La concentración mantenía sus músculos rígidos y la mirada inmóvil. Ni siquiera era capaz de advertir el olor a rancio que expedía la habitación contigua y que paulatinamente ocupó toda la casa.

Por fin, la gota de agua resbaló, ondulante, del extremo horadado del grifo. Permaneció inmóvil un instante y cayó a la pila, junto a las restantes gotas que ya habían formado un charco del tamaño una moneda. El sonido que produjo el líquido arañó los oídos de quien escuchaba. Y se dispuso a predecir el siguiente movimiento.

miércoles, 22 de octubre de 2008

?

Decimos que no tenemos tiempo para todo aquello que nos gustaría hacer, que la rutina diaria nos aprisiona, nos encadena, nos atrapa. No sé muy bien quien se encuentra más perdido: el que, agobiado por las tareas cotidianas, se lanza a la indolencia una vez sentado en el sillón, o por el contrario, el que ve la vida pasar, lentamente, dejando que el tiempo se escurra sin que las expectativas puedan inducirlo a mover la siguiente ficha en el tablero.


No se trata ni del bocadillo o la fiambrera, ni tampoco del plato de comida precongelada delante del televisor. Tampoco es la ropa mal planchada, ni el pijama raído. Es probablemente cierto que los extremos sean el origen de la realidad ontológica, lo que no significa que hayan de ser ejemplos prácticos. Se trata de que el que tiene el bocadillo en la mano, exija el tiempo para animar al que engulle comida precongelada a preparar una comida en la que subyazca una conversación cualquiera, de sentarse con el televisor apagado, de que me mires cuando te hablo.

Todo esto sería mucho más fácil si el día no hubiese sido lluvioso.

martes, 14 de octubre de 2008

Octubre #1

Esto de leer vidas ajenas a lo largo y ancho de la blogos-bollosfera engancha. Se ha convertido, sin desearlo, en una de mis costumbres al encender el ordenador.

Mientras tanto, parece que mi vida ha vuelto a su sitio, las cosas, la gente, los amigos, están donde tienen que estar. Ya no tengo que pensar en llamar, ya no tengo que preocuparme por una reacción implícita, una mirada de soslayo. Simplemente, no tengo que estar alerta a cada movimiento, a cada gesto. Y eso que pensaba que la manera en que revolucionabas mi vida me alegraba, me enriquecía. Es cierto, siempre tenía alguien a quien llamar, siempre podía hablar con alguien. Pero, cada vez que me paro a pensar detenidamente, veo que no tenía la necesidad de tener a nadie, ya lo tenía: en toda la gente a quien dejaba de llamar porque tú, y solamente tú, sí que necesitabas a alguien a quien tener siempre, siempre a tu lado. No sé, tengo que reconocer que parece que lo lleves bien, y no quiero dudar, y creo no dudar de que realmente así sea, al menos, es probable que tú lo pienses así. Pero...no voy a volver a hacer tus problemas, tus necesidades, las mías.
De verdad, que te vaya bonito.

jueves, 9 de octubre de 2008

09 de Octubre

Acabo de colgar el teléfono y sé que en el día de hoy, ya es la segunda vez que he mostrado de manera clara que la he cagado, jodido, fastidiado, echado a perder, otra amistad. No es decir nada profundo -ni mucho menos nuevo- que es díficil cuidar las amistades. Pero es más díficil mantenerla cuando se sabe que los roles han cambiado. Cuando ya no es automático coger el teléfono y marcar unos números determinados, una o dos veces a la semana. Ser el que espera, hace o recibe la llamada.
Pero de cualquier manera, si se ha roto el automatismo, si es parte de los recados diarios el hacer tal o cual llamada, es evidente que la amistad que se intenta proteger está, hace tiempo, herida de muerte. ¿Cuál fue el momento en que dejé de llamar? ¿Cuando tuve que empezar a pensar? ¿Cuando empezaron a ser incómodos los silencios?
Da igual.


Eso es lo peor de todo, que al final, me da igual.

domingo, 5 de octubre de 2008

Octubre

Bienvenido Octubre, bienvenidas las clases. Esta semana me he mantenido ocupada gracias a la facultad, y aunque me he acordado de tí, creo que cada día te echo un poco menos de menos -y valga la redundancia-

Supongo que ya tendré uno de esos pequeños bajones. Al menos me alegra mucho leer que NoSoloBollo va teniendo, cada día más, la felicidad que merece. Lo de haberse hecho asidua mirona-lectora de vidas ajenas tiene sus ventajas.