martes, 26 de agosto de 2008

Miguel

Muy a mi pesar, creo que no hay mejor cigarro que aquel que no se fuma. De todas maneras, un muy cercano segundo puesto sea probablemente ese cigarrillo que se fuma tranquilamente, después de haber comido. Si es posible, estando rodeada de amigos que hace algún tiempo que no se veía.

Así me encontraba yo hoy alrededor de las cuatro de la tarde. Miguel estaba sentado a mi lado. Miguel es una persona que tiene un humor demasiado ácido y alienante, a lo que se suma que a veces gasta de un carácter un poco infantil que en mi opinión esconde cierta perversión, ciertos complejos e inseguridades, un poco de condescendencia, y en una expresión, un morro que se lo pisa. A pesar de eso, lo quiero mucho, y es sin duda uno de mis mejores amigos: creo que en realidad es un tontorrón cualquiera que quiere ir vestido de lobo.
Miguel tuvo que estar soportando durante una media hora, bromas cada vez más pesadas sobre su última relación. Un chico con el que había estado tonteando hace algún tiempo, pasó en casa de mi amigo una semana, conviviendo. Sin duda, la relación se había hecho más estrecha que nunca. En cuanto Miguel se tuvo que ir a trabajar, el otro buscó inmediatamente alguien con quien tener sexo vía chat.

Es cierto que las relaciones de mi amigo han sido muy cortas, y que, de hecho, no lleva mucho tiempo fuera del armario. Es cierto, él también ha buscado en ocasiones un amor de sábanas y cigarro. También ha hecho bromas que no debería haber hecho, ha dicho muchas cosas que sabía perfectamente de antemano que no debía decir y ha hecho muchas cosas de las que muchos se avergozarían, y que a él difícilmente le pesan.

Me paré a pensar en quién hacía las bromas, y sonreí. Preferiría que me humillasen, aunque inmerecidamente, a llevar la procesión por dentro.

lunes, 25 de agosto de 2008

Aborto

Esta tarde, pensaba en el aborto mientras iba de camino a casa, sentada en el tren. Todo comenzó cuando me puse a pensar en las unidades mínimas de vida, las células, -no tengo muy claro cómo comencé a pensar en eso- aunque dado mi escasísimo conocimiento en ciencias y todo lo que tenga que ver con ellas, no ahondé más en la cuestión, y además, tampoco quería aburrirme a mí misma: Madrid, a pesar de ser una ciudad que no se puede dejar de sufrir, es un amor que mata, tanto en el deseo en plena realización, como en la añoranza de los olores a café, cerveza, polvo y sudor. Aun así, como ya he dicho, es un amante insufrible, al que no hace falta empeorar con pensamientos envenenados.

Fue entonces cuando comencé a pensar en los abortos sentimentales. No es que los dé por hecho, sino que simplemente me pregunto por su existencia: ¿Puedo abortar de una decepción, antiséptica y quirúrgicamente? En el caso de que fuera posible, ¿sería también ilegal? ¿Habría alguna fecha límite? "Lo siento señorita: no puede abortar de su sentimiento de culpa: lleva en estado de gestación más de tres meses y podríamos poner en peligro su vida." En estos casos, cabría preguntarse si realmente quién nos atiende está entendiendo el propósito de nuestra visita: es claro que ya hemos pensado sobre la posibilidad de que nuestra vida esté en riesgo, si no, simplemente no estaríamos en la consulta.

Pero en cualquier caso, si lo pensamos un poco más a fondo, el símil se acerca más a lo cancerígeno: ciertos sentimientos, más que desarrollarse y convertirse en un ser que crece en nuestro interior -si bien de manera no deseada-, metastatizan. Un crecimiento de células incontrolado y dañino.

En algunas ocasiones, un cáncer se puede curar con cirugía, de manera rápida y limpia. En otros casos, hace falta un tratamiento de quimioterapia, largo, doloroso y muy duro.

Pero hay casos en los que simplemente, no podemos luchar.

domingo, 24 de agosto de 2008

¡Una clara, por favor!

Ufff, ufff, ufff, uf.
Hoy no me apetece nada echarme las culpas de nada, ni ponerme melancólica, añorando tiempos pasados (cada vez que digo una expresión de ese tipo lo único en lo que puedo pensar es en esa canción..."Mirando al maaaaaar, soñé....") En fin. Mejor no continuar con la tontería.

Pero el asunto es que me tienen harta, entre las víctimas, las que quieren ser escuchadas, y las supuestas beatas. ¿Quieres que te quiera? Quiérete tú primero. No estoy para arreglar la autoestima de nadie, no estoy para regalar flores a nadie. Estoy dispuesta a estar junto a tí si tú de verdad quieres estar con alguien. Hoy, ya he avisado, no me echo las culpas de nada, ya no me quiero sentir ni culpable, ni manazas, ni torpe. No soy perfecta, pero no soy tan desastre como me quieres hacer ver. ¿Qué hago si no te has dejado querer? Me cansé de amar en vacío, me he cansado de llenar tus huecos...

Sólo quiero olvidarme de la maldita retórica catrastofista que ahora me ataca cuando pienso en tí, tomarme una cañita con la gente que no me pide más que mi compañía y atención y...disfrutar.

sábado, 23 de agosto de 2008

Excusas

Estoy empezando a pensar que puede que esta vez sí que escriba más o menos asiduamente en el blog. Lo voy a convertir en mi excusa para no hacer esas cosas que no me apetecen en un momento dado. Va a convertirse en mi excusa para no pensar. Aunque a veces me harto de ellas, de tener excusas para cada ocasión. Como por ejemplo, cuando me intento convencer de que soy callada pero para evitar hurgar en mí misma y descubrir que quizás lo que probablemente sea es o más aburrida de lo que yo pensaba, o que, para mi consuelo, sea simplemente una mala oyente.
Excusas como esas llevan conmigo toda la vida, y me causan una sonrisa de medio lado cuando pienso en ellas, mientras la certeza de que tengo mucha más suerte de lo que pienso con la gente que tengo a mi alrededor se torna de repente indubitable. Pero hay también excusas que han aparecido recientemente en mi vida, si bien probablemente habían necesitado que me engañase con otras excusas para que no floreciesen los sentimientos que han dado lugar a las nuevas excusas. Este nuevo tipo de excusas me alienan rápidamente, me enfadan, me engañan. Me sonrojan, y me avergüenzan. Y si intento rebuscar en las perspectivas futuras, todo apunta a que me tendré que acostumbrar a ellas.
Pero sé que hay excusas que he puesto en tí para engañarme a mí. Son las que más nos duelen, y si soy cobarde para enfrentarme a mí, creo no poder tener todavía fuerzas para enfrentarte a mí.

De cualquier manera, hay ciertas mentiras que podría haber dejado dormidas, podría haber silenciado mis palabras, dejar que la simple cotidianeidad arrastrara lentamente el peso de mis antiguas verdades, el ruido de las palabras que te dije ayer.

Y para eso no hay excusas.

viernes, 22 de agosto de 2008

De estreno

No tengo ni la más remota idea de por qué hoy, precisamente hoy, he querido empezar a escribir un blog. Al fin y al cabo, no es la primera vez que lo intento y las anteriores tentativas han sido siempre, sin remedio, un fracaso absoluto. Es más que probable que olvide que tengo este blog, que no escriba, que no me meta nunca...pero en cualquier caso, sé que siempre que no tenga ningún sitio en que soltar mi mierda, ya no tendré ninguna excusa para llevar la procesión por dentro.

En cualquier caso, supongo que el hecho de dejarme los ojos leyendo vidas ajenas ha alimentado las ganas de hacer de la mía algo expuesto a los demás y al mismo tiempo, todavía íntimo. Yo me entiendo.

A ver si me sorprendo visitando el blog más de lo que creo que lo haré.