No espero ninguna llamada, pero aun así tengo miedo. Pero ya no tengo demasiado claro a quién, o a qué, o cómo, y por supuesto, ni siquiera porqué. Ciertas cosas siguen teniendo un aspecto meláncolico que me arrastra indefectiblemente. Trabajo, y no consigo ahorrar para estabilidad. Me lo sigo gastando todo en incertidumbre, jugando al engaño, a la expectativa, a la mano oferente. Fieles compañeras la tos amarga del alcohol y la siempre presente resaca de tabaco. Nadie dijo nada sobre la máxima de ocupación comunicativa como explotación de la incapacidad locucional.
(Tu llamada, y todo vuelve a tener sentido. Vuelvo al espacio problemático, a la declaración de intenciones: haces la vida más bella.)
[Estaría bien, sólo por una vez, dejar de darle vueltas a las cosas y decir, de una vez por todas, lo que parece que nunca te digo en serio. No hay nada más, ni nada menos.]
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Hace 4 años

1 comentario:
guau, me ha gustado como lo has expresadoy sin embargo no sé bien bien qué comentar...
sólo que la resaca de alcohol y cigarrillos no mola nada jeje
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