lunes, 25 de agosto de 2008

Aborto

Esta tarde, pensaba en el aborto mientras iba de camino a casa, sentada en el tren. Todo comenzó cuando me puse a pensar en las unidades mínimas de vida, las células, -no tengo muy claro cómo comencé a pensar en eso- aunque dado mi escasísimo conocimiento en ciencias y todo lo que tenga que ver con ellas, no ahondé más en la cuestión, y además, tampoco quería aburrirme a mí misma: Madrid, a pesar de ser una ciudad que no se puede dejar de sufrir, es un amor que mata, tanto en el deseo en plena realización, como en la añoranza de los olores a café, cerveza, polvo y sudor. Aun así, como ya he dicho, es un amante insufrible, al que no hace falta empeorar con pensamientos envenenados.

Fue entonces cuando comencé a pensar en los abortos sentimentales. No es que los dé por hecho, sino que simplemente me pregunto por su existencia: ¿Puedo abortar de una decepción, antiséptica y quirúrgicamente? En el caso de que fuera posible, ¿sería también ilegal? ¿Habría alguna fecha límite? "Lo siento señorita: no puede abortar de su sentimiento de culpa: lleva en estado de gestación más de tres meses y podríamos poner en peligro su vida." En estos casos, cabría preguntarse si realmente quién nos atiende está entendiendo el propósito de nuestra visita: es claro que ya hemos pensado sobre la posibilidad de que nuestra vida esté en riesgo, si no, simplemente no estaríamos en la consulta.

Pero en cualquier caso, si lo pensamos un poco más a fondo, el símil se acerca más a lo cancerígeno: ciertos sentimientos, más que desarrollarse y convertirse en un ser que crece en nuestro interior -si bien de manera no deseada-, metastatizan. Un crecimiento de células incontrolado y dañino.

En algunas ocasiones, un cáncer se puede curar con cirugía, de manera rápida y limpia. En otros casos, hace falta un tratamiento de quimioterapia, largo, doloroso y muy duro.

Pero hay casos en los que simplemente, no podemos luchar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

a veces una buena llorera desahoga y ayuda y reconstruye

tu intruso te apoya aunque sea en palabras

un abrazo grande

santi